Diego Manrique, uno de los mayores referentes de la crítica de rock en España, repasa en la sección de cultura del diario español El País alguno de los principales tópicos que aparece en el infinito RETROMANÍA, de Simon Reynolds.

Resulta infrecuente que un estudio musicológico se convierta en acontecimiento cultural, discutido en todos los frentes, alabado o rebatido con ardor. Pero tampoco Retromanía es un texto convencional: contiene un minucioso análisis de la atracción fatal del pop –y de la cultura contemporánea– por el pasado. Su autor, el británico Simon Reynolds, no pierde oportunidad de citar como testigos de la acusación a los pensadores franceses de moda, pero también añade reporterismo, con visitas a inquietos instigadores de tendencias, y autobiografía: al desembarcar en Oxford, conoce a estudiantes hippies, aprende de un mod de origen asiático. Estamos ante un catálogo de obsesiones que Reynolds comparte, pero también deplora.
La potencia de Retromanía reside en que tiene algo de test de Rorschach. Su lectura inquieta, indigna, dispara gestos de asentimiento; provoca reacciones que revelan nuestra postura íntima ante la dinámica cultural dominante. Ese secreto vergonzante que anticipaba un grupo británico de los ochenta: El Pop Se Comerá A Sí Mismo. Aunque Pop Will Eat Itself era una banda de corto vuelo, lo que se tomó como provocación ha sido profecía. Pero somos caníbales felices; nos damos el gran festín con el carnoso misionero que, teóricamente, venía a instruirnos sobre la voluntad innovadora del pop y el imperativo de la originalidad.